La vivienda familiar
Vale más que todo lo demás junto, no se puede partir y suele haber alguien viviendo en ella.
Cómo se hacen los lotes, qué pasa con la casa familiar y cómo se compensa a cada heredero.
Preparamos la propuesta de reparto con inventario, valoraciones y compensaciones, la negociamos con el resto de herederos y la firmamos ante notario. Y si no hay acuerdo, la defendemos ante el juzgado.
Repartir una herencia no es dividir una cifra entre tres. Es convertir un conjunto de cosas muy distintas —un piso, un garaje, una cuenta, un coche, unas participaciones, unas joyas— en lotes que valgan lo mismo y que cada heredero pueda aceptar. Ahí es donde se complica, y ahí es donde se discute.
La ley da dos reglas que lo ordenan casi todo. La primera: en los lotes hay que guardar la posible igualdad, no solo en valor, sino también en el tipo de bienes, para que no le toque a uno todo el dinero y a otro todos los ladrillos. La segunda: cuando un bien no se puede dividir sin que pierda valor —una vivienda, un local, un negocio—, se adjudica entero a uno de los herederos, que compensa a los demás en dinero; y si nadie quiere o puede, se vende y se reparte el precio.
Con esas dos reglas y unas valoraciones honestas, la mayoría de las herencias se reparten sin pleito. El trabajo del abogado no es ganar una discusión, es construir un reparto que a cada hermano le resulte aceptable aunque no sea exactamente el que había imaginado.
Cuatro fases. Las tres primeras son trabajo de despacho; la cuarta se firma en la notaría.
Todo lo que hay y todo lo que se debe: inmuebles, cuentas, seguros, vehículos, participaciones, deudas y gastos del entierro.
Valores de mercado defendibles, no cifras puestas a ojo. Con tasación cuando el bien lo merece o hay discusión.
Se forman lotes equivalentes, con compensaciones en dinero cuando un bien no se puede partir.
Escritura de adjudicación ante notario, Impuesto de Sucesiones, plusvalía e inscripción en el Registro.
Casi todas las discusiones entre hermanos se concentran en estos seis puntos.
Vale más que todo lo demás junto, no se puede partir y suele haber alguien viviendo en ella.
La ley permite mantenerlo en una sola mano para no destruirlo, compensando al resto en dinero.
Una plaza de garaje, un trastero o un terreno que solo tiene sentido completo.
El margen entre lo que dice el catastro, la tasación y el precio real da para discutir mucho.
El reloj del abuelo o el cuadro del salón bloquean herencias enteras. Se resuelve con criterios acordados antes de mirar los bienes.
Las donaciones a un hijo suelen computarse en el reparto, y eso cambia los números de todos.
Casi siempre el conflicto se concentra en un solo bien: la vivienda de los padres. Suele valer más que todo lo demás junto, no se puede partir y encima arrastra recuerdos. Estas son las cuatro salidas reales, y todas funcionan si las valoraciones son serias.
Es la solución más frecuente cuando un hermano vive allí o quiere conservarla. Se tasa la vivienda, se le adjudica entera y paga a los demás su parte en dinero. Si no tiene liquidez, se puede plantear un plazo, una hipoteca o compensar con otros bienes de la herencia.
La más limpia y la que menos problemas deja a futuro. Conviene venderla después de adjudicarla en la herencia y con todos de acuerdo en el precio mínimo y en quién gestiona la venta, porque si no se acaba discutiendo cada visita.
Parece la opción pacífica y suele ser la peor. Nadie puede vender sin los demás, nadie puede usarla sin los demás, los gastos se discuten cada año y el problema se hereda a la siguiente generación. Si se hace, hay que firmar reglas por escrito: quién la usa, quién paga qué y cómo se sale.
Cuando ningún heredero puede quedársela y no hay acuerdo para vender, cualquiera puede pedir que se venda, y el procedimiento judicial de división lo permite. Es el escenario más lento y el que menos dinero deja, así que es el que intentamos evitar.
La diferencia no se nota el día de la firma, sino tres años después, cuando alguien quiere vender o alguien se siente engañado.
Si los hermanos estáis de acuerdo en el fondo y solo necesitáis que alguien ordene el trabajo, podemos encargarnos del reparto completo: un único despacho, un único presupuesto y una sola escritura al final.
Si lo que hay es un desacuerdo real, defendemos tu posición frente a los demás herederos y sus abogados. Te decimos desde el principio en cuál de las dos situaciones estás, porque no se trabaja igual.
Las donaciones que los padres hicieron a un hijo no son necesariamente un regalo aparte de la herencia. Cuando se dieron a un heredero forzoso, por regla general se traen a colación: se suman al caudal para calcular lo que corresponde a cada uno y se descuentan de la parte de quien las recibió. No ocurre con los gastos ordinarios de alimentos, educación o estudios, ni cuando el testador dispuso expresamente otra cosa dentro de lo que la ley le permite.
Si sospechas que hubo transmisiones en vida —una vivienda puesta a nombre de uno, dinero que se movió de las cuentas, una compra «a nombre del hijo»—, hay que ponerlas sobre la mesa antes de firmar el reparto. Después es mucho más difícil.
Es la frase que más se repite en este despacho y la que menos reconocimiento automático tiene en la ley: el hijo que cuidó no adquiere por eso un derecho a cobrar más. Lo que sí se puede hacer es pactarlo en el reparto, y es más habitual de lo que parece: los demás hermanos reconocen el cuidado con una compensación o con la adjudicación de un bien concreto. Y en vida, el testador puede premiarlo con la mejora, que es precisamente para eso.
Nuestro trabajo es poner ese desequilibrio en números y sacarlo del terreno del reproche, donde no se resuelve nunca.
Si el reparto ya se ha atascado, mira la página de conflictos entre herederos. Si lo que crees es que te han dejado menos de lo que te corresponde, la de reclamación de legítimas. Y si no hay testamento, la de herencias sin testamento.
Dinos cuántos sois, qué bienes hay y dónde está el desacuerdo. Preparamos una propuesta de reparto con números y te damos presupuesto cerrado antes de empezar.
¿Prefieres hablarlo? Llámanos al 722 65 46 79 o escríbenos por WhatsApp.
La ley pide que los lotes guarden la posible igualdad, no una igualdad imposible. Lo normal es que las diferencias se arreglen con dinero: quien recibe un bien que vale más, compensa a los demás. Lo que no vale es asignar a uno todo lo líquido y a otro todo lo que es difícil de vender.
En un reparto de acuerdo, los herederos, aunque conviene apoyarse en una tasación independiente y en valores de mercado comparables, porque Hacienda también los revisa. Si no hay acuerdo y se va a división judicial, valora un perito designado por el juzgado.
Se puede resolver de varias formas: una compensación a plazos con garantía, una hipoteca que él asume para pagar al resto, o adjudicarle la casa restándole lo que le corresponda del resto de la herencia. Si ninguna encaja, lo honesto es plantear la venta.
Sí, se puede hacer una partición parcial, y a veces es la única forma de desatascar una herencia: se adjudica lo que está claro y se deja apartado lo que está en discusión. Hay que redactarlo con cuidado para no comprometer lo que queda pendiente.
No es imprescindible. Quien no pueda asistir puede otorgar un poder para que le represente otra persona, incluido el propio abogado, y en casos con herederos en el extranjero se trabaja con poderes apostillados. Lo organizamos nosotros.
En términos generales, sí: la escritura de partición cierra el asunto, y por eso hay que firmarla con los números revisados. Solo se puede volver atrás en supuestos concretos, como que aparezcan bienes ocultados, que haya un error grave en las valoraciones o que se dejara fuera a un heredero.
Depende del número de herederos, del patrimonio y de si hay acuerdo o no. En la primera consulta, que es gratuita, lo vemos y te damos un presupuesto cerrado por escrito. Si los hermanos lo encargáis conjuntamente, sale más barato que contratar cada uno su abogado.
Cuéntanos qué hay y cuántos sois. Preparamos una propuesta con números encima de la mesa. La primera consulta es gratuita.